En el último mes el ejército ucraniano no solo ha forjado una heroica resistencia frente a las tropas rusas que le superan en número y capacidades. También ha logrado firmar con éxito algunas contraofensivas que añaden tiempo y coste al plan ideado por el Kremlin. El último escenario de esta estrategia es Kiev y el intento fallido de repetir en la capital el agónico sitio de Mariúpol.

Una prueba del estancamiento ruso es que las tropas que una vez avanzaron hacia la capital ucraniana, ahora se hallan cavando posiciones defensivas y colocando minas. Una indicación, además, de que se aleja la posibilidad de una ofensiva, al menos de manera inminente.

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Pero a pesar de las expectativas que generan estos golpes al adversario en el campo de batalla, Ucrania está muy lejos de cantar victoria. El ejército ruso sigue amenazando la integridad del país causando un elevado costo en infraestructuras y vidas humanas.