lunes, agosto 2, 2021

No eches tu voto a la basura. Votar en protesta no cuenta

¿Ninguno de los candidatos te convence? ¿Estás pensando en no votar o anular tu boleta?  Lo que pareciera ser un acto de protesta ante la inconformidad con los partidos políticos realmente no tiene ningún valor real en México.

En realidad, el voto nulo y el voto en blanco no afecta ni beneficia a los partidos políticos. Generalmente se cree que entre menos votos reciban, menos dinero obtendrán. Y esto es cierto, pero a medias.

Si bien, el presupuesto que reciben los partidos políticos sí está mayormente determinado por el total de votos que reciben en las elecciones intermedias, la repartición de dinero no toma en cuenta el número de votos nulos o en blanco, simplemente se ignoran y se saca el porcentaje con el total de votación efectiva.

El presupuesto que asigna el INE ya está determinado. Se toma en cuenta únicamente la votación efectiva en elecciones intermedias para asignarlo.

Y es que durante una jornada electoral, basta con tener un voto más que el segundo lugar para obtener un triunfo. Aquellas boletas anuladas o dejadas en blanco de manera intencional simplemente se registran como tal y no pasa nada.

Aun si se diera el caso de que la votación anulada intencionalmente o en blanco fuera mayoría, algo que no ha sucedido en México, el conteo tomaría en cuenta solamente los sufragios efectivos para determinar al ganador.

No estar de acuerdo con ninguno de los candidatos y las campañas de los partidos políticos es completamente válido. Las coaliciones y alianzas formadas entre fuerzas políticas tan contrarias entre sí también son un factor que desanima a los electores.

Pero votar en blanco o anular la boleta no deja de ser un simbolismo que no cambiará las cosas. En 2009 hubo un movimiento en el que se intentó hacer que este tipo de sufragios tuvieran más peso en los resultados, pero no prosperó.

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El voto en blanco y el voto nulo sí se cuentan, pero carecen de valor en los resultados.

2009: el año del voto nulo en México

El proceso electoral de 2009 fue uno de los más importantes en muchos sentidos. Representaba la antesala del posible cambio de régimen en el país, que finalmente se concretó en 2012 con el triunfo de Morena y de Andrés Manuel López Obrador.

Al igual que ahora, en 2009 los electores no estaban conformes con los candidatos y con los partidos en general. Desde los propios institutos políticos se olvidaron de ofrecer buenas propuestas y se gastaron millones de pesos en campañas de odio, como lo vemos actualmente.

Desde la ciudadanía surgió un movimiento que llamó a anular votos de manera intencional como una muestra de hartazgo e inconformidad ante los políticos. Una investigación sobre este tema señala que no hay un origen identificado de los anulistas, pero su mensaje escaló muy rápido, sumando rápidamente a muchos ciudadanos.

Héctor Zamitiz Gamboa, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, publicó un estudio sobre el movimiento anulista de 2009, en el que explica que los partidos políticos y la autoridad electoral (en aquel entonces el IFE, ahora INE) no vieron con buenos ojos la popularidad que ganaba el llamado al voto nulo en México:

“La reacción de los actores políticos fue prácticamente de repudio. Les alarmó la voluntad activa de los grupos de ciudadanos para acudir a las urnas y rechazar a todos los candidatos. Legisladores y dirigentes partidistas cuestionaron el llamado tanto de personalidades, como de organizaciones, por considerarlo peligroso, mientras las encuestas sobre el tema ya anunciaban que cada uno de diez votantes opinaba que anularía su voto”.

El voto nulo alcanzó el 5,4% de los resultados en 2009.

A partir de 2009, el voto nulo y el voto en blanco comenzaron a ser analizados dentro de la legislación electoral para estudiar su impacto y alguna posible repercusión en los resultados de las elecciones.

Para cuando finalizó el proceso electoral, el total de votos nulos alcanzados en 2009 fue de 1 millón 867 mil 729, que representó el 5.4% de los resultados.

El movimiento anulista volvió a hacerse presente en elecciones posteriores. Incluso en 2012, el número de votos nulos fue superior al total de recibidos por el candidato presidencial del Partido Nueva Alianza, Gabriel Quadri.

El debate sobre darle algún valor real a los votos nulos comenzó una larga carrera que a la fecha sigue vigente. El principal problema, señalan los expertos, es cómo interpretar un voto anulado genuinamente como modo de protesta.

En un análisis realizado por el investigador de la Universidad de la Saborna, País y del Colegio de México, Willibald Sonnleitner, se explica que aunque hay experiencia en regiones de Europa o Latinoamérica en las que sí se cuenta con la figura del voto de protesta, en México todavía no hay estudios claros sobre cómo aplicarlo:

“Para los legisladores, y para quienes toman decisiones, la heterogeneidad del voto nulo plantea problemas más prácticos y operativos: ¿Cómo interpretar sus distintas dimensiones, y cómo procesarlas en una forma institucional, incluyente y democrática? ¿Se requieren nuevas reformas para distinguir y separar, dentro de la categoría actual de votos nulos, los votos en blanco? ¿Qué cambiaría concretamente con ello?”.

El voto en blanco tampoco es una opción

Son muy pocos los países que le dan un valor real al voto de protesta, quizá el caso más cercano con el que se puede ejemplificar es Colombia, donde sí se cuenta, siempre y cuando sea  en blanco, pero tampoco es fácil que tenga una gran inferencia.

Hay muchas cosas a destacar (y aclarar) sobre el caso particular de Colombia y cómo funciona su voto en blanco:

  1. El voto en blanco tiene una propia casilla dentro de la boleta electoral.
  2. El voto en blanco sí tiene validez a la hora del escrutinio.
  3. Si el voto en blanco supera con mayoría absoluta al candidato en segundo lugar, la elección queda anulada.
  4. En este escenario, se deben hacer nuevas elecciones, con nuevos candidatos.

Si bien, el voto en blanco sí es válido, debe obtener la mayoría absoluta para que ejerza su función de protesta. Esto significa que sus números deben ser de mínimo el doble que el candidato en segundo lugar para lograr anular la elección. Algo que no ha pasado todavía.

En el caso de México, el voto en blanco no tiene ninguna función y simplemente se contabiliza junto a los nulos en los resultados finales. Al momento de repartir el presupuesto a los partidos, no juega ningún papel importante.

En diferentes libros, exposiciones, pláticas y conferencias, el INE ha explicado que el voto nulo (y el abstencionismo) no cuenta en México y que se considera como un daño a la democracia del país.

Sin falta de una opción de voto de protesta en México, lo único que le queda es analizar las propuestas de los candidatos y ejercer un voto consciente hacia el proyecto con el que mejor (aunque sea un poco) se puede identificar.

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Ivan Cruz
Comunicación UNAM | Información de lo que sucede en el Valle de México. Las historias que vienen y van, en un formato multimedia. ¿Tienes una historia que merece ser contada? Escríbeme a [email protected]

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