martes, diciembre 7, 2021

Porfirio Díaz y la tragedia de Clipperton: el infierno en una isla

Muchas anécdotas se contaron de la ya olvidada Isla de la Pasión, o Clipperton. Un pequeño pedazo de tierra atrapado en el Océano Pacífico donde se cometieron decenas de asesinatos, violaciones, canibalismo y en general mostró el lado más cruel del ser humano.

La historia de Clipperton comenzó algunos años después de la caída de Tenochtitlán y la conquista española, cuando en 1527 Hernán Cortés envió a sus exploradores en busca de nuevas rutas marítimas.

En ese año, uno de los navegadores llamado Álvaro de Saavedra fue el primero en llegar a la isla, que se encuentra a mil 200 kilómetros del Puerto de Acapulco, aproximadamente. Sin embargo, en ese momento no le dio mayor importancia y al descubrimiento solo se le hizo un registro oficial.

Ahora bien, en 1705 un pirata inglés de nombre John Clipperton llegó al pequeño territorio de apenas 6 km2 de superficie y lo proclamó como suyo dándole su apellido para que fuera identificada, ahí ocasionalmente se ocultaba junto con su tripulación.

Francia también quiso reclamar la propiedad de territorio mucho tiempo después y a principios del siglo XIX señaló que sus antiguas cartas de navegación ya tenían registro de la isla con el nombre de La Princesse (“La Princesa”) o La Découverte (“El descubrimiento”), de acuerdo con documentos de la época.

 

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El conflicto por la isla del excremento

A partir de 1900, México, Francia e Inglaterra se sumieron en una disputa internacional por la isla, Porfirio Díaz no estaba dispuesto a perderla y los europeos la codiciaban por dos razones.

Una era su ubicación estratégica para maniobras militares y la otra por el único recurso que valía la pena en ese lugar tan alejado de la civilización: el guano.

El guano no es más que el estiércol acumulado de las aves, el cual se recolecta para venderse como fertilizante natural, fuera de eso en Clipperton no había nada más de valor.

En resumen, Inglaterra salió de la contienda porque aunque no había duda de que el pirata John Clipperton habitó la isla primero que nadie, su situación como criminal no permitió tomarlo en cuenta legalmente.

Por tanto el conflicto quedó entre México y Francia únicamente, pero en un movimiento astuto, Porfirio Díaz mandó construir un faro y envió un destacamento militar, junto a trabajadores y sus familias para poblar la isla y recolectar el guano. Este fue el inicio de la tragedia.

 

Los años de esplendor

En 1906, en colaboración con los japoneses, el gobierno de Porfirio Díaz construyó un faro en Clipperton y llegaron los primeros habitantes. Quién dirigió la misión fue el general Ramón Arnaud, nombrado también como gobernador de la isla.

Así pues, la pequeña población comenzó la explotación del guano y a falta de recursos en la isla, un buque militar llegaba a las costas para abastecer de provisiones cada cierto tiempo

Todo parecía marchar a la perfección y con el tiempo la población aumentó, nacieron niños y llegó más gente a trabajar. Incluso Ramón Arnaud se casó y llevó a su familia para vivir con él en Clipperton.

Cuando alguien enfermaba, principalmente de escorbuto, eran atendidos y llevados a tierra firme para su recuperación y el barco los proveía de medicamentos, comida, agua, ropa y otros insumos para habitar de la forma más cómoda posible.

Así vivieron por algunos los pobladores de Clipperton, sumidos en su propio mundo y lejos de todos los eventos que acontecían en México, por lo que nada supieron del levantamiento de Madero, el estallido de la Revolución y el exilio de Porfirio Díaz.

 

El infierno en Clipperton

La guerra de Revolución afectó a toda la sociedad mexicana de la época, el cambio de régimen hizo que muchos de los proyectos emprendidos por Díaz y su grupo de “Científicos” quedaron inconclusos y sin seguimiento. Entre ellos estaba Clipperton, olvidada por el nuevo gobierno.

A causa de los enfrentamientos el buque de provisiones dejó de visitar regularmente la isla y los pobladores quedaron abandonados a su suerte. Ramón Arnaud trató de calmar a los habitantes y sobreponerse a la situación.

En un intento por resolver el problema, Arnaud se entrevistó en 1914 con Victoriano Huerta, quien gobernaba el país en ese entonces, para pedir ayuda y en caso de ser necesario, rescatar a los habitantes y abandonar la isla.

El gobierno de Huerta aseguró que todo se resolvería y el general Ramón volvió a Clipperton. Pero el último con provisiones que se dirigía a la isla fue hundido y ya no se envió otro.

Así pues, los más de 100 habitantes, entre ellos mujeres y niños, estaban destinados a morir por enfermedad y hambre.

 

 

En un intento desesperado por salvar a su gente, en 1915 Ramón Arnaud se embarcó en una lancha junto con algunos compañeros para alcanzar un navío que alcanzaron a ver desde la costa y pedir ayuda, pero la pequeña embarcación se hundió y murieron cuando trataron de regresar a la costa.

Sin ninguna autoridad, los habitantes de Clipperton entraron en crisis y muchos de los hombres cayeron en la locura y comenzaron a violar a las mujeres, mataban a quienes trataban de detenerlos y, de acuerdo con testimonios de los sobrevivientes, incluso hubo actos de canibalismo.

Cuando ya eran menos de 20 sobrevivientes, el guardián del Faro, Victoriano Álvarez, último hombre vivo perdió la cordura totalmente y se autoproclamó Rey de Clipperton. Abusó todas las mujeres que quedaban y las esclavizó.

Entre ellas se encontraba la esposa de Ramón Arnaud y su hijo, quien harta de la situación, conspiró juntos con las otras mujeres y niños que aún quedaban, para asesinar a Álvarez y una noche lo mataron usando un martillo y un cuchillo.

En 1917 la población era de tan solo cuatro mujeres y siete niños y sucedió que un barco norteamericano pasó cerca de la isla, casi por casualidad, y rescató al pequeño grupo para llevarlos a las costas mexicanas.

Al final de todo y sin importar todas las tragedias y sufrimientos ocurridos, las mujeres fueron juzgadas por el asesinato de Victoriano Álvarez.

 

 

En los años siguientes México envió pequeños grupos a Clipperton, pero no para habitarla, sino para conservar la posesión, hasta que dejaron de hacerlo en los años 20 y solamente se colocó la bandera en faro en señal de que el territorio pertenecía a la nación.

La historia de Clipperton concluye para México en 1934, cuando una resolución internacional pasó la propiedad de la isla a Francia, quien no dudó en ocupar y establecer una base militar, misma que abandonaron tiempo después y actualmente permanece deshabitada.

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