lunes, mayo 10, 2021

Los delfines rosas sí existen… y los estamos matando

Aunque no lo creas, no todos los delfines son grises. Este amistoso animalito también tiene una presentación rosada.

Además vive más cerca de lo que crees: En el Amazonas. En un viaje a Sudamérica, donde visites Colombia, Venezuela, Brasil, Bolivia o Perú podrías encontrarte alguno de estos ejemplares.

Hay varias teorías sobre por qué este animal es rosa. La más aceptada indica que su piel se volvió de este color para adaptarse a la temperatura y el agua del río. Aunque cuando nace es gris, igual que el delfín más conocido, con el paso del tiempo, por las propiedades del líquido donde vive, se va tornando rosa.

Los delfines rosados no son tan populares porque en realidad se trata de una especie que sólo habita en agua dulce, son pocos los ríos en donde se ha desarrollado. Además no tiene una relación directa con los delfines grises pues pertenecen a familias diferentes.

Por su apariencia exótica, este animal se encuentra en peligro de extinción. Al inicio era cazado por pobladores, ya que el delfín rosado está rodeado de supersticiones y leyendas. La más conocida dice que cobra forma humana y sale del río para seducir a hombres y mujeres, y luego los lleva a una ciudad encantada bajo el agua.

A pesar de la regulación para detener su caza, ésta se sigue incrementando debido a que los pescadores usan su carne como cebo para atrapar al bagre carroñero (una especie que conocemos comúnmente con el nombre de pez gato) que es muy demandado en el mercado, a pesar de que su comercio es ilegal en Brasil.

La organización World Animal Protection ha denunciado que este animal es asesinado de forma cruel: es atrapado en redes y golpeado hasta su muerte. Otras veces, es herido con un arpón y atado a las ramas de los árboles por la cola, donde pasa los días sufriendo hasta morir.

La organización prevé que de no tomarse medidas urgentes para su conservación, esta especie podría extinguirse en 10 años.

Aunque muchas personas piensan que la desaparición de una especie no les afecta. La extinción de una especie modifica el ecosistema en el que vivimos, y eventualmente tiene una repercusión directa en nuestra vida.

Sin los delfines rosados, los ríos serán severamente afectados, ya que estos animales se alimentan de las poblaciones de pescados, retirando los individuos flacos o enfermos, que de otra manera podrían modificar el hábitat, o terminar en nuestro plato.

 

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