lunes, noviembre 29, 2021

Un arte mexiquense que se niega a morir

En el Estado de México hay artesanos talabarteros en un gran número de municipios, como Amatepec, Toluca, Coacalco, San Mateo Atenco y Mexicaltzingo. Todos ellos aún viven de las ganancias que deja esta expresión de cultura popular.

Algunos lo relacionan con la escultura, pero en este caso, el cuero y la piel de los animales se convierte en su materia prima. Surgió para darle forma a los objetos de uso diario en el campo como cinturones, carteras, botas, bolsas, chamarras, portafolios, baúles, huaraches, carteras y hasta sillas de montar. De esta forma la transforman en distintas piezas.

 

Los talabarteros del Edomex resaltan por la creatividad que distingue a cada uno de sus productos, pues además de estos materiales los combinan con otros como la plata y el hueso para crear artículos de charrería.

Por ejemplo, el traje de los jinetes lleva botas con espuelas, un cinturón para las pistolas y balas, además de la silla de montar. Todos estos adornos eran una muestra de la importancia que le daban a estas festividades.

 

Por eso se considera artesanal, ya que para lograr los acabados se necesita de gran destreza y cuidado. El resultado es un diseño único en cada artículo, además de la buena calidad del material.

Dentro de este oficio hay varias formas de trabajar el cuero, algunas son el cincelado y el repujado de piel. Con ellas se decoran los artículos utilizando una navaja especial. Virtudes como la paciencia, el talento y el desarrollo artístico son necesarias para hacer un sinfín de ilustraciones.

Otra de las formas de trabajarlo es utilizando hilos de diversos colores para hacer grabados de dibujos sobre la piel. También pueden ir acompañados de herrajes de metal, adornados con flores, círculos u otras figuras para completar la imagen.

Dentro de esta misma técnica hay una que incluye el bordado con hilos de plata y oro. Principalmente es usada para los cinturones y sillas de montar, incluso puede ser una combinación de ambos metales.

Entre los diseños están la influencia prehispánica y española, incluso con el nombre o apellido del dueño de las piezas. Esta técnica aún se usa en el Estado de México, Guadalajara y Zacatecas, principalmente.

Con el paso del tiempo y debido al crecimiento de las ciudades, los talabarteros ya no hacen tantos artículos para su uso en el campo. Este arte se ha transformado y adaptado a las necesidades del mercado.

Ahora fabrican también morrales, carteras, monederos, fundas para el celular y para navajas. Incluso, utilizan las redes sociales para difundir su trabajo porque, aseguran, es más difícil darse a conocer estando en un local fijo.

Actualmente, puede hacerse una funda para navaja o celular en unas cuantas horas. Son, por ejemplo, los cinturones, carteras o bolsas con cincelado los que llevan más tiempo, incluso, días de trabajo. Por esta razón los precios son más altos.

Venden los productos en mercados de artesanías, pero también hay quienes los ofrecen por mayoreo y dependiendo de la pieza es que se pone el precio. Por ejemplo, un monedero puede costar mínimo de 12 pesos, los trabajos más elaborados y los detalles añadidos son los que van elevando su valor, hasta en más de cien mil.

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